Mientras hacemos el amor mis ojos juegan con los demonios que despierta tu piel hambrienta y sedienta. Tus labios carnosos y entreabiertos humedecen por instantes mi cielo interno. Recorro tus laberintos de vello cubierto y me pierdo entre su fragancia a menta y su dulzor perverso.
Abre mis labios recoge mi temblor y dispérsalo baja hasta filtrar tus gotas, tú caudal abro mis entrañas y te recibo de nuevo inúndame como lluvia inesperada.